Ecoturismo comunitario en las Islas del Rosario: territorio, mar y vida en equilibrio

Ene 19, 2026

El ecoturismo comunitario en las Islas del Rosario nace como una apuesta colectiva por el cuidado del territorio, la dignidad de la vida comunitaria y la conservación de uno de los ecosistemas marino-costeros más importantes del Caribe colombiano. Esta iniciativa es liderada por el Consejo Comunitario de las Islas del Rosario, organización que representa a la comunidad negra del archipiélago y que, a través de su Plan de Vida, definió el ecoturismo como un proyecto central para el bienestar presente y futuro de la comunidad.

Con la construcción de la “Alianza Orika Ecoturismo comunitario”, la comunidad ha fortalecido un modelo económico basado en el turismo responsable. Hoy, muchos hombres de la isla se desempeñan como eco-guías en hoteles privados y ecohostales, constructores, pilotos de lancha o vendedores de comida. Las mujeres, por su parte, cumplen un rol fundamental como cocineras tradicionales, masajistas, administradoras de ecohoteles, asistentes de servicios de habitaciones y lideresas de emprendimientos propios como ecohoteles, restaurantes, tiendas de comestibles y artesanías. Este modelo permite que los beneficios del turismo permanezcan en la comunidad y se distribuyan de manera más equitativa.

El mar como territorio de vida: el concepto de Maritorio

Para las comunidades insulares afrodescendientes, el mar no es solo un paisaje ni un recurso económico: es un “territorio vivo”, un espacio de identidad, memoria y espiritualidad. En el contexto del Parque Nacional Natural Corales del Rosario y San Bernardo (PNNCRSB), el mar adquiere un valor aún más profundo, al ser reconocido como un ecosistema de altísima biodiversidad y, al mismo tiempo, como un pilar cultural.

Desde esta mirada surge el concepto de Maritorio, una propuesta integral para la planificación turística que promueve la simbiosis entre los seres humanos y el mar. El Maritorio no se limita a una delimitación geográfica, sino que incorpora una dimensión simbólica, cultural y educativa. Tal como lo plantea Atencio (2024), este concepto debe entenderse como un proceso educativo continuo que integra los saberes ancestrales con herramientas pedagógicas contemporáneas, fortaleciendo la conexión emocional y espiritual con el mar.

Para las comunidades del archipiélago, el Maritorio sustenta la economía, la subsistencia y la identidad cultural. Es un espacio sagrado donde se pesca, se recolecta alimento, se transmiten saberes y se mantienen prácticas tradicionales que han garantizado el equilibrio entre la vida humana y los ecosistemas marinos.

Turismo, identidad cultural y pesca artesanal

Incorporar el enfoque de Maritorio en el ecoturismo implica reconocer la diversidad biocultural del territorio, fortalecer las economías locales y fomentar la educación ambiental. El turismo debe construirse desde el reconocimiento de la identidad cultural afrodescendiente, integrando tradiciones marinas como la pesca artesanal, los rituales asociados al mar y las festividades locales.

La pesca artesanal es una actividad central en la vida comunitaria y un reflejo de la relación respetuosa con el mar. Reconocerla dentro del turismo sostenible implica promover prácticas responsables, incentivar mercados locales para productos pesqueros sostenibles y avanzar hacia procesos de certificación que garanticen la conservación de los recursos a largo plazo.

Estas experiencias no solo enriquecen la vivencia del visitante, sino que empoderan a las comunidades, permitiéndoles compartir su legado cultural y generar ingresos sin poner en riesgo su territorio.

Un territorio de alta biodiversidad

El Consejo Comunitario Orika se encuentra dentro de uno de los 46 Parques Nacionales Naturales de Colombia, creado para proteger uno de los complejos coralinos más importantes del país. El PNNCRSB abarca cerca de 120.000 hectáreas, desde la línea de marea hasta los 50 metros de profundidad, e incluye 27 islas ubicadas a 46 kilómetros de Cartagena.

En este territorio conviven ecosistemas estratégicos como:

Arrecifes coralinos, con entre 43 y 53 especies formadoras de arrecife, que junto al archipiélago de San Bernardo conforman el sistema coralino más extenso y complejo de la plataforma continental colombiana.

Manglares, conformados por cinco especies de mangle, fundamentales para la protección costera y la reproducción de especies marinas.

Pastos marinos, especialmente el pasto de tortuga (*Thalassia testudinum*), que sirven como hábitat, refugio y zona de cría para peces, caracoles, tortugas y langostas, además de mitigar la erosión costera.

Lagunas costeras, ecosistemas altamente productivos que brindan alimento y refugio a miles de especies y cumplen funciones clave en la regulación ecológica.

Bosque seco tropical, uno de los ecosistemas más amenazados del país, que en las Islas del Rosario funciona como semillero, zona de anidación de aves migratorias y fuente de alimentos, medicinas y servicios ambientales.

En los relictos de bosque seco de Isla Grande se han establecido senderos ecoturísticos que permiten a visitantes conocer la biodiversidad, mientras se genera empleo directo e indirecto para la comunidad. Sin embargo, este ecosistema se encuentra en estado crítico, por lo que su conservación y restauración deben ser una prioridad. Visitar las Islas del Rosario desde un enfoque de ecoturismo comunitario es participar de una experiencia que educa, sensibiliza y transforma. Es comprender que la conservación no solo ocurre bajo el agua, sino también en las decisiones cotidianas, en la cultura viva y en el reconocimiento del territorio como un espacio de vida compartida entre el mar, la naturaleza y las comunidades que lo habitan.

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