En las Islas del Rosario, el turismo no solo se vive en el mar, los arrecifes y los manglares. También se siente en el sonido de los tambores, en el canto colectivo y en la memoria musical que ha acompañado a la comunidad durante generaciones. La música tradicional es una expresión viva del territorio y una puerta de entrada para quienes desean conocer la identidad cultural de Orika.
En las tardes, después de las jornadas de trabajo como sembradores y recolectores de coco, un grupo de amigos comenzó a reunirse de manera espontánea. Así se fue conformando un grupo musical integrado por Sixto Silgado “Paíto”, en la gaita hembra; Tomás Bertel, en la gaita macho; Andrés Mesa, en el llamador; Marcelino Molina, en el tambor alegre; Manuel, en el llamador; y Juan Alberto Bertel “Pampe, en la gaita macho. Lo que inició como un encuentro cotidiano se convirtió en una manifestación cultural que hoy representa la memoria musical de la comunidad.
Paíto, reconocido músico de la comunidad de Orika, es uno de los últimos exponentes de la gaita negra, un estilo ancestral de la Costa Caribe que encarna el legado cultural de los primeros pueblos negros de la región. Como líder de Los Gaiteros de Punta Brava, ha dedicado su vida a mantener viva esta tradición afrodescendiente, transmitida principalmente a través de la oralidad.
Considerado uno de los últimos músicos naturales, Paíto es heredero directo de un conocimiento ancestral comparable al de los antiguos juglares. En sus saberes, prácticas e interpretaciones se conserva una memoria sonora que da color y forma al retrato cultural de la comunidad negra de las Islas del Rosario. Sus composiciones se caracterizan por la improvisación, la riqueza melódica y una profunda conexión con el territorio, como se evidencia en obras emblemáticas como Gaita Negra y La Flor del Melón.
La gaita negra, al igual que el bullerengue, nace del encuentro entre pueblos africanos e indígenas del Caribe colombiano. El bullerengue, con sus cantos responsoriales, tambores y palmas, ha sido históricamente una expresión de resistencia, celebración y vida comunitaria en las poblaciones negras del Caribe. En Orika, estos ritmos acompañan los encuentros colectivos, las celebraciones y los momentos cotidianos, fortaleciendo el sentido de pertenencia y la transmisión cultural entre generaciones.
Otros ritmos tradicionales, como el son de negro, el mapalé y las músicas de tambor, también hacen parte del paisaje sonoro del Caribe afrodescendiente. Todos ellos comparten una raíz común: la relación entre música, cuerpo, territorio y memoria. Son expresiones que no se aprenden solo escuchando, sino viviendo, sintiendo y participando en comunidad.
Hoy, el ecoturismo comunitario en las Islas del Rosario permite que visitantes nacionales e internacionales se acerquen a estas manifestaciones culturales de manera respetuosa. A través de presentaciones, encuentros musicales y relatos orales, la música se convierte en una experiencia turística auténtica que va más allá del espectáculo: es un acto de reconocimiento y valoración del patrimonio cultural vivo. Visitar Orika es también escuchar sus ritmos, entender su historia y reconocer que la música ha sido, y sigue siendo, una forma de cuidar la identidad, resistir al olvido y celebrar la vida en el Caribe insular.




