“No llegamos ayer, este palo lo sembraron los abuelos y abuelas”
Los indios Caribes habitaron la zona insular de Cartagena y resistieron la presencia española durante las primeras épocas de la conquista. Con el paso de los años, nuestros antecesores afrodescendientes aprendieron a sobrevivir bajo la esclavización, hasta que las ideas libertarias y la abolición de la esclavitud en Colombia, a partir del año 1850, comenzaron a transformar progresivamente la zona insular en territorios de cimarronaje y palenques, donde los primeros negros encontraron refugio y libertad.
Durante muchos años, esta isla permaneció en abandono y se convirtió en un territorio inhóspito. Nuestros ancestros enfrentaron múltiples vicisitudes: era un lugar impenetrable, habitado por animales peligrosos como ciempiés, víboras, culebras y serpientes, lo que hacía aún más difícil el asentamiento humano.
Hace aproximadamente entre 280 y 300 años, cinco familias —los Gómez, Molina, De la Rosa, Banquez y Barrios— llegaron desde Barú. Poco a poco se fueron estableciendo, construyeron sus viviendas y organizaron terrenos para la siembra. El cultivo principal fue el coco, del cual dependía en gran parte el sustento de vida de la comunidad. Además, sembraron alimentos como papaya, yuca, ñame y plátano, destinados principalmente al autoconsumo.
El coco era el único producto que se comercializaba. Era transportado en chalupas hasta Cartagena, donde se vendía o se intercambiaba en los comederos del antiguo mercado por productos básicos como cebolla y tomate.
En sus inicios, la comunidad era dispersa; no había muchas viviendas y las familias vivían alejadas unas de otras, principalmente a orillas del mar. El territorio estaba poco habitado, pero con el tiempo fueron llegando más personas, trayendo consigo a sus familias y ocupando progresivamente más espacio, fortaleciendo así el tejido comunitario que hoy da identidad a las Islas del Rosario.




